El Padre Nuestro Comentado: Guía para la Oración

Monasterio invisible de caridad y fraternidad

Monasterio Invisible de Caridad y Fraternidad - grupo de oración en casa

La oración enseñada por Jesús

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

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Santificado sea tu nombre

Santificar significa reconocer la primacía de Dios en nuestra vida. Jesús, nuestro Maestro, dijo: "Padre, he dado a conocer tu nombre a los hombres, no lo he dado a conocer con palabras, lo he dado a conocer con mi vida porque siempre he obedecido tu voluntad".

Así debe ser nuestra disposición interior en la oración para santificar el nombre del Padre.

Venga a nosotros tu reino

En la predicación de Jesús era una constante el llamado al reino de Dios: "el reino de Dios es igual a..., el reino de Dios es como..., el reino de Dios está en medio de vosotros". Y aún más: "Convertíos y creed en el Evangelio".

De sus palabras podemos comprender que el reino de Dios entre los hombres es Jesús. Y para realizar este reino, es necesaria la presencia radiante de Jesús en nuestro corazón y, luego, seguir sus huellas y moldearnos según su modelo. El Evangelio, además, debe inspirar nuestras acciones y nuestros pensamientos; solo así será posible realizar el reino de Dios y santificar su nombre, de lo contrario no santificamos el nombre de Dios, sino que santificamos nuestro propio nombre.

Hágase tu voluntad

Para santificar el nombre de Dios y hacer venir su reino, una sola es la condición necesaria: vivir según la voluntad de Dios. De hecho, Jesús dijo: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo". Y aún más: "No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado".

Con estas sublimes enseñanzas comprendemos que debemos procurar someter en todo momento nuestra voluntad a la voluntad de Jesús. Es un acto decisional que desencadena una íntima lucha, pero a través de este sufrimiento nos convertimos en seres orantes, porque buscamos la alabanza a Dios, nos sometemos a Él, nos entregamos a Él. Esta es la oración que quiere el Señor: no solo de palabras, sino un actuar inspirado por Jesús y por su Evangelio.

Danos hoy nuestro pan de cada día

Es la relación con las cosas necesarias para nuestra vida. Jesús nos enseñó: "No os afanéis por lo que habéis de comer, beber o vestir... porque vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas". Lo que quiere decir: no te afanes por ninguna cosa que te sirva para vivir en este mundo.

Padre, ayúdanos a confiar en ti en nuestro hoy, quítanos la tentación del mañana, danos la certeza (no la certeza material) de que siempre estarás presente y nos darás hoy lo que necesitamos, lo necesario. Sí, debemos aprender a abandonarnos con confianza a la acción de Dios, porque Él está dispuesto a darnos lo necesario. La confianza es exigente, como lo es el abandono, pero sin la presencia de Dios el hombre pierde toda esperanza.

Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos

Esta es una cosa terrible y poderosa. Jesús nos dice: "Si perdonáis a los hombres sus ofensas, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros". Este es el tipo de relación humana que debemos establecer: perdonar para ser perdonados.

El perdono se comprende en la esencia de Dios. Y Dios es amor, y solo el Amor puede comunicar la fuerza vital de la vida, porque debemos estar continuamente vivos. Perdonar significa que Dios te da un don, y este don es el aliento de vida no solo para hacerte vivir en la tierra, sino también en la vida eterna.

Al mal no se responde con mal, sino con perdón. Y perdonar, para el hombre, no significa simplemente hacer las paces, sino rechazar la muerte para proyectar la vida. Perdonar es comunicar la fuerza de Dios, que es amor. Amar al enemigo no significa amar a ese hombre, sino adecuar tu comportamiento delante de ese hombre, como Jesús enseñó.

No nos dejes caer en la tentación

Jesús sabe que quien se pone en el camino espiritual será asaltado por el Diablo; por lo tanto, el creyente debe construirse una estructura capaz de resistir a la tentación. Y a la tentación se resiste con el Espíritu de la Verdad, el cual nos da el don del discernimiento.

Por lo tanto, "no nos dejes caer en la tentación" significa: danos el discernimiento. Es decir, envíanos tu Espíritu para que sepamos distinguir lo que es conforme a tu voluntad de lo que es tentación del diablo.

Y líbranos del mal

Jesús nunca habría dicho "mal", habría dicho "maligno". Así, "líbranos del maligno" significa: danos la fuerza para alejarlo.

Para concluir se puede decir que: debemos hacer la voluntad de Dios, debemos buscar su reino, debemos santificar su nombre, debemos liberarnos del Diablo, debemos ser confiados respecto al pan de cada día, debemos saber perdonar. Porque a través de este estilo orante podemos decir con nuestra vida, como dijo Jesús: "Apártate, Satanás".

Esta es la verdadera manera de orar, esta es la lucha interior, este es el famoso secreto, la famosa habitación en la cual debes encerrarte porque debes estar solo tú y el Padre. Entonces, el orar es simplemente tu estado, tu ser persona orante. El hombre necesita de Jesús y de su Evangelio porque Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, que libera a todos los que están bajo el yugo de Satanás.