¿Quiénes son los ángeles?
Los ángeles son criaturas espirituales, creadas por Dios como sus servidores y mensajeros. Están llamados a proteger, guiar y revelar la presencia divina en la vida de los hombres, como recuerda Mt 18,10.

Los ángeles son criaturas espirituales invisibles, servidores y mensajeros de Dios, llamados a proteger, guiar y revelar su presencia en la vida de los hombres.
Ellos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.
El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 328) los describe como seres espirituales e incorpóreos, cuya existencia es una verdad de fe testimoniada por la Escritura y la Tradición.
La Biblia presenta una rica variedad de criaturas angélicas: junto al ángel de la guarda de cada persona, nombra a los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, y describe una precisa jerarquía al servicio del Señor.
Poderosos ejecutores de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra.
En este tiempo, donde todo parece ser una esquirla enloquecida, muchos se lamentan por los daños provocados por el individualismo exacerbado, el materialismo desenfrenado y la incomunicabilidad entre los hombres.
Es tiempo de que el hombre reconozca que debe redescubrir al Ser Celestial, es decir, Aquel que le transmita el conocimiento más profundo y lo ayude en esa transfiguración de sí mismo y del mundo de la que es protagonista.
El ángel está cada vez más relegado en la mente de la mayoría como un recuerdo de belleza o de un amor ideal que se pierde en los recuerdos de la infancia.
La racionalidad exacerbada nos hace incapaces de percibir el aspecto trascendente de su verdadera naturaleza celestial.
Desear descubrir este sorprendente mundo angélico es un desafío que se puede vencer, a condición de que se recuperen las claves de la contemplación, aun frente a la invasión de imágenes construidas por la tecnología moderna.
El hombre tiene la necesidad de percibir las cosas de Dios a través de la naturaleza del alma, la única que tiene el sentido espiritual, la única capaz de captar las iluminaciones e infundirlas al intelecto. El ángel puede actuar en esta esfera como instrumento de conocimiento, como vehículo de revelación, como umbral de entrada para una mejor comprensión y para hacernos emprender ese viaje ascensional hacia Dios.
Los ángeles son nuestros maravillosos aliados y pueden:
Los ángeles pueden, con nuestro asentimiento, cautivar nuestro corazón para lanzarlo más allá del tiempo e infundirnos la nostalgia del Cielo. Pueden, con una invitación suave, transmitirnos el deseo ardiente de caminar bajo la luz de Dios.
El mundo angélico es como un océano espiritual que mueve toda la realidad. Su mirada sobre nosotros está impregnada de amor y de ternura infinita.
Este mundo, a pesar de todo, sabe aún sorprender por su belleza y encanto. Esto demuestra que la naturaleza no es solo un sorprendente mecanismo constituido por partículas y energías físicas, sino una expresión armoniosa de Dios, de la cual los ángeles son los instrumentos.
¿Quiénes son los ángeles? ¿Cómo pueden ayudarnos? ¿Cómo se han revelado a los santos? Es un viaje emocionante en un mundo por descubrir, que fascina e invita a la oración.
Los ángeles son criaturas espirituales, creadas por Dios como sus servidores y mensajeros. Están llamados a proteger, guiar y revelar la presencia divina en la vida de los hombres, como recuerda Mt 18,10.
Pueden infundir el deseo de obedecer a la verdad, ayudar a amar al prójimo, favorecer la humildad ante Jesús y sostener en la lucha contra el mal, siempre respetando el libre asentimiento humano.
Entre las referencias citadas en el texto están Mt 18,10, donde los ángeles ven siempre el rostro del Padre, y Sal 103,20, que los describe como poderosos ejecutores de las órdenes de Dios.
La tradición cristiana, a partir de Mt 18,10, reconoce que cada persona está acompañada por un ángel de la guarda: Dios lo asigna como protector y guía concreta en el camino hacia Él.
La acción angélica se reconoce a través de la contemplación, la oración, la Escritura y la vida de los santos, superando una visión reductiva del ángel como un simple símbolo de belleza o recuerdo infantil.